El Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey lanza dos iniciativas para reconectar universidades, habilidades y mercado laboral en América Latina.
El mercado laboral cambia más rápido que los planes de estudio. Mientras la tecnología redefine empleos, millones de jóvenes y trabajadores en América Latina siguen formándose con modelos diseñados para el siglo pasado. ¿Puede la educación superior reinventarse a tiempo?
La región enfrenta una brecha creciente entre lo que enseñan las universidades y lo que demandan las empresas. Automatización, inteligencia artificial, transformación digital y nuevos modelos productivos están modificando las reglas del juego.
En ese contexto, el Instituto para el Futuro de la Educación (IFE), del Tecnológico de Monterrey, anunció durante el IFE Conference 2026 el lanzamiento de dos Big Bold Initiatives (BBI) que buscan transformar la educación superior y los ecosistemas de habilidades en América Latina y el Caribe.

La primera iniciativa, BBI #1: El Futuro de las Universidades, propone que las instituciones dejen atrás el modelo lineal de titulación y evolucionen hacia centros de aprendizaje a lo largo de la vida. La propuesta incluye un modelo de madurez en ocho dimensiones que permite a las universidades evaluar su estado actual y diseñar su transformación estratégica.
Este modelo aborda desde trayectorias flexibles y desarrollo de habilidades del futuro hasta liderazgo ágil, bienestar estudiantil y sostenibilidad financiera. El objetivo es ambicioso: para 2035, que alrededor de 1,000 universidades de la región utilicen el modelo como referencia y que al menos 200 lo implementen activamente.
“Estas dos iniciativas promueven una visión compartida de sistemas educativos y de desarrollo de habilidades más flexibles, inclusivos y estrechamente conectados con las necesidades sociales y económicas”, explicó Michael Fung, director ejecutivo del IFE. La apuesta apunta a universidades más dinámicas, conectadas con la realidad productiva y con impacto social medible.

La segunda iniciativa, BBI #2: Ecosistemas de Habilidades, aborda una de las fallas estructurales más persistentes: la desalineación entre aprendizaje y empleo. En lugar de programas aislados, propone ecosistemas donde universidades, centros de capacitación, empleadores, gobiernos y sociedad civil trabajen con prioridades comunes.
El modelo contempla prospectiva de talento, rutas de aprendizaje flexibles, sistemas confiables de credencialización y prácticas de contratación basadas en habilidades. En sus primeros cinco años, la meta es apoyar hasta un millón de trabajadores y aprendices y 50,000 empleadores para adoptar esquemas de desarrollo y promoción basados en competencias. Para 2035, se espera multiplicar por diez ese impacto.
José Escamilla, director asociado del Instituto, lo resume así: “La región enfrenta desafíos sin precedentes que exigen transformaciones profundas y a gran escala, que ya no podemos posponer”.
La propuesta del IFE no solo habla de innovación educativa, sino de capital humano, competitividad regional y movilidad social. En un escenario donde la empleabilidad depende cada vez más de habilidades actualizadas y verificables, conectar educación y trabajo deja de ser opcional.
Si las universidades no se adaptan al ritmo del mercado laboral, ¿quién pagará el costo: las instituciones o las nuevas generaciones?
¿Estamos listos para pensar la educación superior como un sistema flexible y permanente, y no como una etapa que termina con un título?







