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Cosmética natural: belleza sin huella que cuida también del planeta

Cosmética natural: belleza sin huella que cuida también del planeta

La cosmética natural está ofreciendo beneficios ambientales empleando la economía circular y así mismo es una solución viable y respaldada por la ciencia frente a los males de la cosmética convencional

Datos de interés:

  • 418 mil 921 millones de dólares es el valor del mercado cosmético global en 2025.
  • 120 mil millones cantidad de unidades de envases cosméticos producidos al año.
  • 76% de consumidores buscan sostenibilidad al comprar belleza.
  • 58% de productos de cuidado personal que contenían químicos cuestionables en una muestra de 238 cosméticos.
  • 1,600 sustancias es la cantidad de químicos prohibidos en cosméticos por la Unión Europea pero que aún circulan en productos de Latinoamérica.

Por: Samantha Nolasco (@aguunda)

La cosmética natural que emplea materias primas de origen vegetal u orgánico en lugar de ingredientes sintéticos o petroquímicos está siendo la respuesta a uno de los mercados más consumidos. Esta tendencia responde a una mayor conciencia ambiental y sanitaria ya que en América Latina el mercado de belleza representa alrededor del 12% del mercado global. 

¿Pero qué tienen los productos convencionales que vemos anunciados en todos lados y se han convertido en la plataforma que catapulta a los íconos de la moda y la belleza? Bueno, estos productos que tanto amamos por los resultados que nos dan están inmersos en una industria que suele emplear en sus fórmulas derivados del petróleo y que no sólo generan altas emisiones de CO2, sino que pueden contener trazas de químicos tóxicos o actuar como disruptores endocrinos.

La belleza cuesta, dicen ¿Pero también la salud?

En la toxicología tradicional se cree que la dosis hace al veneno, pero en el caso de los disruptores endocrinos, dosis mínimas pueden ser más peligrosas que dosis altas porque el cuerpo las confunde con hormonas reales, alterando el sistema endocrino de manera profunda.

En entrevista con la ingeniera en biotecnología Luisa Loreti González para Latank Media, la experta revela que existe un fenómeno llamado non monotonic dose response, donde cantidades pequeñas de una sustancia pueden tener un impacto celular mayor que dosis muy grandes. 

“La gente cree que poquito veneno no mata, poquito aluminio en tu axila no mata. Pero, sí tiene un impacto a nivel celular”, advierte la ingeniera. “Un ejemplo alarmante es el uso de sales de aluminio en desodorantes; investigaciones en Suiza han demostrado que este ingrediente puede volver malignas a las células de tejido mamario en entornos controlados”, nos comenta.

Luisa detalla esta problemática con una advertencia sobre el uso, e incluso la normalización de químicos dañinos para nuestra salud. “Los disruptores endocrinos, que pueden ser tanto sintéticos como de origen natural, en este caso sí hacen más daño consumirlos en dosis muy pequeñas; pero en el caso de los ingredientes cosméticos que vienen del petróleo, la mayoría están regulados y son conocidos como seguros”, advierte.

Pero también es bien sabido que la cosmética convencional genera gran impacto ambiental. Se estima que cada año se producen unos 120 mil millones de envases cosméticos, en su mayoría de un solo uso que terminan en vertederos o en el mar. Además, muchos productos contienen microplásticos. 

Un estudio de Greenpeace encontró pequeñas partículas plásticas en el 79% de 672 cosméticos analizados. Estos microplásticos persisten en el medio acuático y han sido hallados en tejidos marinos –por ejemplo, dos tercios de los peces y el 90 % de las aves marinas han ingerido plástico–. Algunos ingredientes comunes también contaminan como las nanopartículas de filtros UV en protectores solares, lo que contribuye al blanqueo de arrecifes de coral.

En contraste, los cosméticos naturales procuran minimizar residuos contaminantes. Por ejemplo, hay empresas en Perú y México que fabrican actualmente empaques 100% compostables a partir de caña de azúcar, almidón de maíz u otros biopolímeros, avanzando hacia un ciclo productivo más circular y una menor contaminación plástica.

También en materia de salud, la cosmética natural evita muchos aditivos sospechosos presentes en productos convencionales. Por ejemplo, los parabenos, usados como conservantes, que también están clasificados como disruptores endocrinos, se absorben fácilmente por la piel y pueden alterar el sistema hormonal. 

Estudios de biomonitoreo han detectado habitualmente parabeno, ftalatos y compuestos como triclosán en la sangre y orina de hombres, mujeres, niños, e incluso en la sangre del cordón umbilical de recién nacidos. Muchos de estos compuestos están relacionados con daños reproductivos, problemas tiroideos o aumento de riesgo de cáncer. 

Además, las fragancias y colorantes sintéticos en maquillajes y cosméticos suelen provocar alergias e irritaciones. Se estima que alrededor del 60% de las dermatitis de contacto por cosméticos tienen origen alérgico, siendo las fragancias artificiales la causa más frecuente, seguidas de conservantes químicos.

Los cosméticos naturales, en cambio, emplean ingredientes botánicos simples como aceites esenciales, extractos de plantas, ceras vegetales y no usan fragancias ni conservantes sintéticos agresivos. Este perfil “más limpio” químicamente hablando, puede reducir la exposición a alérgenos e irritantes. 

Si bien cualquier sustancia puede sensibilizar, incluso los aceites naturales, la eliminación de parabenos, ftalatos y fragancias artificiales disminuye notablemente el riesgo de reacciones adversas. En consecuencia, los productos naturales suelen ser mejor tolerados por pieles sensibles y minimizan la carga química acumulada en el cuerpo.

El enfoque cosmético en América Latina

En América Latina la cosmética en general se desarrolla en un marco regulatorio muy ambiguo. Por un lado, existen avances puntuales, como en la Comunidad Andina de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú donde se prohibió el uso de parabenos de cadena larga en cosméticos y se restringieron ingredientes antimicrobianos como el triclosán. Sin embargo, en general la fiscalización regional es débil, lo que permite la circulación de productos con compuestos cuestionables.

Esto se refleja en la proliferación del comercio informal: estudios reportan ftalatos, parabenos e incluso metales pesados como el arsénico, mercurio y plomo en cosméticos vendidos en el ambulantaje, sin embargo el uso prolongado de estos artículos sin control sanitario puede causar daños crónicos.

También algunas leyes ambientales exigen a la industria hacerse cargo de los envases como en Chile y Colombia que se han instaurado legislaciones de responsabilidad extendida del productor para residuos de empaques, y México ha fijado metas de reciclaje para envases plásticos bajo su Ley General de Residuos. Estas normativas impulsan a las empresas a innovar en envases sostenibles. 

Habrá que ver también que, en cuanto a tendencias de consumo, el interés por cosméticos ecológicos ha crecido, en Costa Rica y México, Ecuador y Colombia incrementa la preferencia por fórmulas naturales en cuidado de la piel. 

En Perú incluso los fabricantes locales de cosmética natural se basan en materias primas autóctonas (por ejemplo, aguaymanto o café), y cadenas retail latinoamericanas comienzan a ofertar líneas orgánicas. 

En México Elenty Beauty es el ejemplo, retomando la economía circular y aplicando ciencia en la elaboración de productos cosméticos que no sean un veneno para la salud. Ya que en el estado de Michoacán, toneladas de arándanos o blueberries son descartadas anualmente. Se trata de fruta que, por estar demasiado madura, “ya no es apta” para la exportación. Sin embargo, desde el punto de vista de la ingeniería cosmética, esta fruta “pasada” es, en realidad, superior.

Luisa Loreti  explica que la fruta madura contiene el doble de compuestos fenólicos y bioactivos que la fruta verde. Su proceso no se limita al fruto; aprovechan hojas, tallos y flores, extrayendo propiedades que las plantas desarrollan naturalmente para protegerse de su entorno. Lo que antes era un residuo que los agricultores no sabían cómo gestionar, ahora se convierte en un extracto de alto rendimiento, que con apenas 66 gramos de fruta, el laboratorio logra obtener dos litros de extracto puro.

Además la ingeniera en biotecnología quien es la mente científica detrás destacó el avance en química aplicada donde se logró estabilizar las antocianinas de las bayas —pigmentos muy sensibles al calor y la luz— para preservar sus propiedades antioxidantes en productos capilares que protegen el cuero cabelludo del daño solar y el estrés oxidativo. 

Más allá del éxito técnico, Elenty Beauty subraya un compromiso de impacto social, abriendo las puertas a colaboraciones y modelos de negocio que aseguren que estos descubrimientos científicos beneficien económicamente a los productores agrícolas y a la comunidad en general.

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