ReTuna Återbruksgalleria, en Suecia, demuestra que la economía circular puede generar trabajo, reducir residuos y atraer hasta 700 visitantes diarios.
Por Redacción Latank
¿Y si el lugar donde tiras lo que ya no usas fuera también donde compras, aprendes y generas empleo? En Suecia, esa idea ya funciona y está cambiando la forma de consumir sin producir más basura.
Durante décadas, el modelo de consumo lineal —comprar, usar y desechar— ha alimentado la crisis ambiental y saturado vertederos en todo el mundo. Millones de objetos aún funcionales terminan como residuos por falta de sistemas que los reincorporen a la economía. El problema no es solo ambiental: también es social y económico.
En 2015, la ciudad sueca de Eskilstuna decidió intervenir ese punto ciego con una solución inédita. Así nació ReTuna Återbruksgalleria, el primer centro comercial del mundo dedicado exclusivamente a productos reciclados y reparados. El espacio combina un centro de reciclaje municipal con un área comercial, educativa y gastronómica, transformando los residuos en recursos.
El funcionamiento es clave para su éxito. Las personas llevan objetos que ya no necesitan al centro de reciclaje contiguo. Allí, una empresa social se encarga de recibir, evaluar y clasificar los materiales. Aquellos que pueden reutilizarse se envían a talleres donde son reparados o transformados mediante procesos de upcycling. Lo que no puede recuperarse se deriva a reciclaje especializado o a instituciones como escuelas.
Los productos restaurados se venden en 14 tiendas especializadas en muebles, computadoras, electrodomésticos, ropa, juguetes, bicicletas, herramientas y materiales de construcción. Todo es de segunda mano, pero con estándares que rompen el estigma de “lo usado”.
El impacto va más allá del consumo responsable. ReTuna emplea a cerca de 50 personas en áreas de reparación, reciclaje y venta minorista, generando empleos verdes locales. Desde su apertura recibe entre 600 y 700 visitantes diarios y en 2016 registró ventas superiores a 900 mil dólares, demostrando que la economía circular también puede ser rentable.
El centro incorpora además un restaurante de comida ecológica, cafetería, espacios para exposiciones, salas de conferencias y un centro de formación donde se imparten talleres sobre reciclaje, consumo consciente y medio ambiente. Incluso cuenta con un sistema de compostaje, que transforma los restos orgánicos del restaurante en abono para el propio complejo.
Para atraer al público general, ReTuna adopta estrategias propias del comercio tradicional: descuentos especiales, horarios extendidos, actividades infantiles y una experiencia pensada para quedarse. El mensaje es claro: reciclar no tiene que ser aburrido ni complicado para ser efectivo.
En un país donde el 99% de los residuos domésticos se reciclan, ReTuna va un paso más allá: convierte la sostenibilidad en cultura cotidiana y demuestra que los residuos pueden ser una fuente de valor, empleo y aprendizaje.
Si la basura puede transformarse en trabajo, educación y consumo consciente, ¿qué falta para replicar este modelo en más ciudades? ¿comprarías menos nuevo si tuvieras un ReTuna cerca de casa?







